La cultura del Evangelio

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Gonzalo Gervic M.

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francisco-j-vinas-large La cultura del Evangelio
Elder Francisco J.Viñas
De los Setenta“Existe una cultura única que es la del Evangelio y que la forma un conjunto de valores, expectativas y prácticas comunes a todos los miembros de la Iglesia. Esta cultura o forma de vida proviene del Plan de Salvación, de los mandamientos de Dios, y de las enseñanzas de los profetas vivientes.”

Cuando hablamos de cultura nos referimos a la forma en que las personas viven. Existe una cultura única que es la del Evangelio y que la forma un conjunto de valores, expectativas y prácticas comunes a todos los miembros de la Iglesia. Esta cultura o forma de vida proviene del Plan de Salvación, de los mandamientos de Dios, y de las enseñanzas de los profetas vivientes.

La cultura del Evangelio se manifiesta en la forma en que criamos a nuestra familia y en la forma que vivimos nuestra propia vida. Por ejemplo, los principios que se establecen en  La Familia- Una Proclamación al Mundo, son una expresión clara de la cultura del Evangelio.

Algunas escrituras que expresan la idea de “Cultura del Evangelio” son:

“y no se puede edificar a Sión sino de acuerdo con los principios de la ley del reino celestial; de otra manera, no la puedo recibir” DyC 105:5

“Por consiguiente, os doy este mandamiento de ligaros por medio de este convenio, y se hará según las leyes del Señor” DyC 82:15

“pues si queréis que os dé un lugar en el mundo celestial, es preciso que os preparéis, haciendo lo que os he mandado y requerido” DyC 78:7

Las personas que desean ser parte de la Cultura del Evangelio deben estar dispuestos a cambiar, dado que el mensaje central del Evangelio es: “arrepentíos y sed bautizados”. Arrepentirse significa cambiar. Jesucristo enseñó a sus seguidores que deben cambiar y ser diferentes a los demás que nos rodean. El Élder George Q. Cannon lo expresó de esta manera:

“Debemos nacer de nuevo. Debemos tener nuevos deseos, un nuevo corazón por decirlo así. Más, ¿qué vemos? Vemos algunos que siguen las sendas del mundo como si no hubieran profesado ser Santos de los Últimos Días. “Hay cientos de personas que dicen serlo, pero a quienes no se podría diferenciar de los demás; tienen los mismos deseos, los mismos sentimientos, las mismas aspiraciones, las mismas pasiones que el resto del mundo.” George Q. Cannon

Los miembros de la Iglesia debemos ser diferentes. En los convenios que hacemos al bautizarnos nos comprometemos a cambiar nuestra vida, de esa forma podemos ser como la sal de la tierra.

“Cuando los hombres son llamados a mi evangelio eterno, y pactan con un convenio sempiterno, se les considera como la sal de la tierra y el sabor 20130805de los hombres. Son llamados para ser el sabor de los hombres; de modo que, si esa sal de la tierra pierde su sabor, he aquí, a partir de entonces no sirve para nada sino para ser echada fuera y hollada bajo los pies de los hombres” (DyC 101: 39-40)

Muchas veces, el aceptar el Evangelio, implica que tengamos que hacer algunos cambios o ajustes de nuestra cultura familiar, étnica, o de la nación de donde vinimos.  Si bien hay muchas cosas buenas de las distintas culturas que pueden convivir sin dificultad con los principios del Evangelio, también existen tradiciones o prácticas que entran en conflicto con el Evangelio y son esas las que debemos cambiar.

Algunos ejemplos de costumbres o tradiciones culturales que debemos cambiar porque se oponen al evangelio son:

  • El concepto arraigado en muchas culturas de que la mujer es inferior al hombre y debe ser tratada de forma diferente.
  • Las diferencias en la forma de celebrar los matrimonios, los funerales y otras festividades.
  • La impuntualidad y la costumbre de comprometerse a algo y luego no cumplirlo.
  • La costumbre de usar lenguaje profano al hablar.
  • La cultura de la corrupción, donde mentir y engañar un poco no es nada malo.
  • La cultura de la dependencia y falta de responsabilidad en el trabajo.
  • La cultura del honor ofendido y el orgullo exagerado.

Lo que nos convertirá en un pueblo unido será la voluntad que tengamos los miembros de cambiar y adoptar en nuestra vida los valores y principios del Evangelio.  A medida que lo logremos las diferencias irán desapareciendo.  Mientras tanto, cuando surjan diferencias debemos resolverlas en el marco del Evangelio. Ya que en todo conflicto es necesario un mediador, debemos dejar que éste sea el Evangelio y sus principios como el amor, el perdón,  la paciencia, la humildad y la mansedumbre.

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