Cosechar los frutos de nuestra fe

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Gonzalo Gervic M.

Director de Radio Kolob y El Faro Mormón at Radio Kolob - El Faro Mormon
Amante de mi Familia, de la naturaleza y de las TICs.
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Elder Alin Spannaus
De los Setenta

¿Qué hacer para aumentar nuestra fe?  Alma da, junto a Amulek su compañero, un excelente ejemplo de cómo interactúan la fe y la palabra.  Al comentar elder Spannauscon otras personas sobre este capítulo 32 del libro de Alma, he observado que a menudo pensamos que la semilla representa la fe, sin embargo no es así.  La semilla representa la palabra:

Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Ahora bien, si dais lugar para que sea sembrada una semilla en vuestro corazón, he aquí, si es una semilla verdadera, o semilla buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí, empezará a hincharse en vuestro pecho; y al sentir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Debe ser que ésta es una semilla buena, o que la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma; sí, empieza a iluminar mi entendimiento; sí, empieza a ser deliciosa para mí. (Alma 32:28)

La fe entonces, está representada por nuestras obras que apuntan a cuidar la semilla a fin de que ésta dé fruto:

Pero si cultiváis la palabra, sí, y nutrís el árbol mientras empiece a crecer, mediante vuestra fe, con gran diligencia y con paciencia, mirando hacia adelante a su fruto, echará raíz; y he aquí, será un árbol que brotará para vida eterna.

Y a causa de vuestra diligencia, y vuestra fe y vuestra paciencia al nutrir la palabra para que eche raíz en vosotros, he aquí que con el tiempo recogeréis su fruto, el cual es sumamente precioso, y el cual es más dulce que todo lo dulce, y más blanco que todo lo blanco, sí, y más puro que todo lo puro; y comeréis de este fruto hasta quedar satisfechos, de modo que no tendréis hambre ni tendréis sed. (Alma 32:41-42)

El siguiente gráfico explica el proceso descripto por Alma:

grafico fe

Alma mismo le explica a su hijo Coriantón que la palabra es Cristo mismo:

Y te he dicho esto, hijo mío, para que aprendas sabiduría, para que aprendas de mí que no hay otro modo o medio por el cual el hombre pueda ser salvo, sino en Cristo y por medio de él. He aquí, él es la vida y la luz del mundo. He aquí, él es la palabra de verdad y de rectitud. (Alma 38:9)

Al observar y verificar los frutos, nuestra fe en cuanto a este asunto se convierte en conocimiento y entonces sabemos que la semilla, o sea la palabra, es buena.  Entonces los frutos comienzan a ser para nosotros evidencias espirituales que son tan reales como las evidencias físicas, de manera que nuestra fe se ensancha, nuestro conocimiento aumenta y empezamos a conocer otros aspectos de la palabra que, mediante nuestra fe y nuestras obras, vuelven a dar más frutos.  Por lo tanto, nuestro conocimiento aumenta y así vamos aumentando en grados de fe, inteligencia, luz y verdad.  Esta es la manera en la que Dios nos va revelando su identidad: un poco aquí, un poco allá, línea sobre línea, precepto sobre precepto.
(DyC 98:12)

Cuando uno empieza a regar una semilla para que crezca, la riega con poca agua ya que si le ponemos mucha agua la planta morirá.  Por otra parte, si la planta ya es grande necesitará más agua.  Los niveles de agua están asociados al tamaño de la planta.  El fruto de la planta también está asociado al tamaño de la planta.  De modo que lo que en una época era mucha agua, ahora es poca agua y no alcanza.
De la misma manera nuestros actos de fe están asociados a nuestro entendimiento de la palabra o a nuestro entendimiento de Cristo, de quién es Él, del significado que tiene su expiación en nuestra vida.  Antes simplemente con leer un poquito nuestro espíritu se elevaba, ahora necesito más para poder seguir acrecentando mi fe y participar de mayores y mejores frutos.

Las evidencias espirituales se convierten en elementos tan palpables como cualquier evidencia que podemos distinguir con nuestros sentidos físicos (oler, ver, escuchar).

Porque, ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha dado; lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por humana sabiduría, sino con las enseñadas por el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
En cambio, el hombre espiritual juzga todas las cosas, pero él no es juzgado por nadie.
Porque, ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
(1 Corintios 2:12-16)

Cuando uno se aleja del espíritu, se aleja de Dios y las evidencias ya no son tan claras.  Empezamos de a poco a negar lo que ya aprendimos acerca de la palabra, de alguna manera empezamos negar a Cristo, empezamos a negar a Dios y nos encontramos “abandonados a nuestra propia fuerza” Helamán 4:13.

En esta ocasión quiero expresar la maravillosa experiencia que se vive cuando, a través de nuestros actos de fe, hacemos aquello que se nos manda, entonces nuestro espíritu se fortalece, nuestra visión del propósito de la vida se expande y nuestro conocimiento de la naturaleza de Dios y del plan de salvación se profundiza.  En otras palabras, ocurre aquello explicado al profeta José Smith en 1831 “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto.” DyC 50:24

Ruego que nuestro Padre Celestial nos ayude en nuestros esfuerzos de aumentar nuestra fe hasta que llegue el día perfecto y podamos cosechar el fruto de nuestra fe.

Grafico Frutos de la fe

Fuente: http://www.mormonesdelsur.org/

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