La Iglesia y el lobo alfa

Una de las escrituras más conocidas en la Iglesia SUD proviene de Mosíah 3:19,

 

Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor, y se vuelva como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre él, tal como un niño se somete a su padre.

 

Inspirado por el mismo espíritu y, sin duda, lidiando con problemas parecidos, el apóstol Pablo hace una observación semejante en Romanos 8:7, Por cuanto la inclinación de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.

Los instintos humanos son bastante parecidos a los instintos de animales sociales, como el lobo, la gacela, y el elefante. Cuando el lobo alfa (el líder de la manada) se siente desafiado por otro miembro de la manada (sobre todo por otro macho), lo ataca, e incluso es capaz de matarlo. Por lo tanto, decirle salvaje a alguien es, muy rara vez, un cumplido.

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Huelga decir que ni el rey Benjamín ni el apóstol Pablo dice que estos instintos—que compartimos con muchos otros seres vivos—son malos en sí. Lo malo es dejarnos llevar por estos instintos. Uno de los ejercicios más grandes del libre albedrío es disciplinar nuestros instintos para que no estén en conflicto con los mandamientos de Dios. Por ejemplo, los instintos reproductores no son malos, de hecho, el Padre Celestial desea que gocemos de estos instintos. Lo malo es gozarlos fuera del matrimonio.

En todos los países del mundo una gran parte de la gente pobre proviene de familias con madres solteras. Culparles únicamente a las mujeres es injusto ya que estos hombres que engendran prole con varias mujeres no solamente hacen daño a ellas y a sus hijos, sino también a la sociedad en general. Muchísimos de los delincuentes—que afligen la sociedad con todo desde el robo hasta el homicidio—o son hijos ilegítimos o son legítimos pero tienen una relación bastante mala con sus padres. Las consecuencias del pecado no solamente tienen manifestaciones espirituales sino también físicas.

Otro instinto que compartimos con los animales sociales es el jerárquico. Como ya dije, cada manada de lobos tiene un macho alfa y una hembra alfa. Asumen este puesto, normalmente por ser los más rápidos, fuertes, grandes, bravos, etc. de la manada. Tienen derecho a comer antes que los otros lobos y a mandarlos a su antojo. Cuando no son obedecidos, reaccionan con violencia.

Los humanos también tenemos el instinto de organizarnos en jerarquías. Si nos dejamos llevar por este instinto—sin pensarlo—nos portamos como lobos. Presumimos que los de puestos más elevados son para personas que sean mejores de alguna manera: más inteligentes, ingeniosas, trabajadoras, etc. A su vez, los humanos alfa se portan muy parecido a los lobos alfa: creyéndose merecedores de ciertos privilegios y respondiendo a la desobediencia con violencia.

El instinto jerárquico es como el instinto reproductor: no es malo en sí. Las jerarquías son una organización bastante eficiente que permite que se haga mucho más trabajo que hace el mismo número de personas trabajando por su cuenta. Cuando el suegro de Moisés fue a visitarlo un poco después de que este había cruzado el Mar Rojo con los Hijos de Israel, vio que su yerno estaba cometiendo un error de liderazgo muy grande: no delegaba.

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El consejo del suegro de Moisés fue el siguiente:

 

Además, busca tú de entre todo el pueblo hombres de virtud, temerosos de Dios, hombres verídicos que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo como jefes de millares, jefes de centenas, jefes de cincuenta y jefes de diez. (Éxodo 18:21)

O sea, le aconsejó a que formara una jerarquía para que se pudiera hacer más trabajo de una forma más eficiente.

La sola presencia de una jerarquía puede incitarnos el instinto animal. Hasta los primeros apóstoles cedieron al instinto. No era suficiente para la madre de Juan y Jacobo que estos estuvieran en el reino celestial con Jesucristo, quería que estuviesen en puestos superiores a los de los demás. Cuando los demás apóstoles se enteraron de esta petición se enojaron mucho (Mateo 20:20-24). Es muy probable que el Señor se haya referido a este asunto cuando aconsejaba a los líderes de la Iglesia en Kirtland,

 

En la antigüedad mis discípulos buscaron motivo el uno contra el otro, y no se perdonaron unos a otros en su corazón; y por esta maldad fueron afligidos y disciplinados con severidad. (DyC 64:8)

 

En la sesión del sacerdocio de 2010 el Pdte. Uchtdorf hizo una observación bastante astuta,

 

Esencialmente, el orgullo es un pecado de comparación, porque, aunque por lo general comienza con: “Mira qué maravilloso soy y qué cosas grandiosas he hecho”, siempre parece terminar con: “Por lo tanto, soy mejor que tú”.

 

Interpreto las palabras del Pdte. Uchtdorf de la siguiente manera: creer—que por su oficio—que el presidente del quórum de élderes es automáticamente una persona mejor que el hermano que enseña la escuela dominical proviene del orgullo; creer que el obispo es mejor que el presidente del quórum de élderes también proviene del orgullo y creer que el apóstol es mejor que el presidente de estaca proviene del orgullo. Esta clase de comparación va totalmente en contra de las palabras de Nefi,

 

Porque ninguna de estas cosas viene del Señor…y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios… (2 Nefi 26:33, énfasis agregado por el autor del artículo)

 

Tenemos un ejemplo de la mentalidad correcta en el cuarto libro del Antiguo Testamento. Un tiempo después de haber establecido una jerarquía entre los Hijos de Israel, Moisés reconoce que todavía está intentando hacer demasiado él solo. Acaba de sufrir una apostasía enorme y, tal vez—ya que es el líder de su pueblo—se siente algo culpable. ¿Habrá algo más que podría haber hecho? No, el día solo tiene 24 horas. El Señor le aconseja a Moisés a formar, básicamente, un quórum de 70, para que pueda delegar aún más responsabilidades y para que se haga más trabajo de una forma más eficiente.

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En la primera reunión de los 70, el espíritu de Dios desciende sobre ellos y comienzan todos a profetizar, incluso dos que faltaron a la reunión pero que fueron llamados al quórum. Esto ofende a Josué, quien parece haber cedido un poco al instinto animal. Malentendiendo la situación por completo—aunque con intenciones muy buenas—Josué no quiere que los dones espirituales de los 70 “compitan” con los dones espirituales del que está más arriba en la jerarquía: Moisés. Moisés sí entiende la situación, entiende la función de una jerarquía dentro del Pueblo de Dios, y responde a Josué de la manera siguiente: ¿Tienes tú celos por mí? ¡Ojalá que todos los del pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos! (Números 11:29).

Cuando presumimos que las personas que ocupan puestos más elevados en la jerarquía son mejores que las personas más bajas nos convertimos en lobos bípedos. Aunque lo hagamos con intenciones buenas, como Josué, corremos el riesgo de dañar nuestra fe porque una de las cosas que aprendemos leyendo las escrituras es que todos los que son llamados por Dios son imperfectos—algunos bastante imperfectos. Si basamos nuestra fe en cualquier cosa que no sea la roca (o sea, Jesucristo), aunque sea en un líder de la Iglesia o en alguien más que admiramos mucho, tarde o temprano caeremos porque esas personas nos decepcionarán—aunque sea sin querer.

Es muy fácil pensar que todo lo que sucede en la Iglesia da vueltas en torno a los líderes. Esto también es un error que pasa debido a ceder al hombre natural. La otra cara de la jerarquía animal tiene que ver con el lobo beta, un tema que trataré en mi próximo artículo.

Ryan Boothe

Ryan Boothe

Ryan Boothe escribe artículos para Radio Kolob sobre una variedad de temas relacionados con el Evangelio Restaurado, desde las raíces de ciertas palabras del hebreo antiguo hasta las relaciones humanas que existen entre los santos de los últimos días.

El Hno. Boothe se mantiene bastante ocupado trabajando como consultor, conferencista y emprendedor--trabajo que lo lleva a varios lados de su país, Europa y América Latina.

Nacido bajo el convenio y criado en el Valle Central de California, el Hno. Boothe tuvo la gran bendición de hacer la misión en el sur de Chile, donde aprendió a hablar el castellano huaso. El Hno. Boothe actualmente vive con su familia en el Valle de Utah.
Ryan Boothe

Comentarios

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10 comentarios

  • Nelly Rondon dice:

    Este artículo deja una muy buena enseñanza, es algo nuevo para mí y somos muchas personas las que nos permitimos la filtración del orgullo en estos casos porque pensamos que solo este mal se filtra en las posiciones del mundo, pero lamentablemente en la iglesia ocurre con bastante frecuencia.

  • Gonzalo Gervic M. dice:

    Espero ver pronto el artículo del Lobo Beta

  • bootheryan dice:

    Gracias por sus comentarios. Espero tener el artículo listo para el viernes.

  • liz borrego dice:

    EXCELENTEEEEEEE, LA ENSEÑANZAAAA, PA BAJARLE 2 RAYITAS A NUESTRO ORGULLO, CUANDO TENEMOS LLAMAMIENTOS ALTOS EN LA ESTACA O BARRIO, ETC, Entre mas alto el llaamiento mas humildes y servicialeees debemos de SER, Dios ha dispuesto de nuestros talentos para servirle a sus demas hijooooos, .

  • […] En mi último artículo escribí sobre el hombre natural y las jerarquías. Mi punto fue que las jerarquías no son necesariamente malas pero nuestra percepción de las jerarquías sí puede ser muy mala. Cuando pensamos que alguien es superior por ocupar un puesto más alto en la jerarquía—como presidenta de la Sociedad de Socorro por ejemplo—estamos cometiendo el pecado del orgullo y comenzamos a descender al nivel de los lobos, que también se organizan en jerarquías. […]

  • […] A veces, la persona relevada—ahora con un llamamiento menos visible—se porta como lobo alfa: […]

  • […] más de este artículo en Radio Kolob |Opinión | The following two tabs change content […]

  • Ante Nuestro Padre Celestial somos todos iguales sin acepción, por lo tanto en mi escasa capacidad para comprender las cosas con mi opinión respeto el liderazgo y por su puesto lo apoyo y puedo decir que en todo los casos falta la inspiración en cuanto a nuestro lideres locales a veces se caen el error y es un circulo serrado y los llamamientos no van para aquellos hermanos que si son fieles per ” tuvieron problemas y es suficiente para dejarlo de lado, teniendo en cuenta que ese hermanos si tiene la capacidad para un llamamiento” esta la excusa de que este hermano tiene que cambiar aquí donde aparece el Lobo Alfa el orgullo etc. Llamamientos muy prolongado el desgaste nos subestimamos.

    • Ryan Boothe dice:

      Gracias por leer el artículo y por dejar su comentario. Recomiendo que lea los dos artículos siguientes también. Me interesaría saber lo que opina.

  • Alberto Acuña dice:

    Este articilo, cuando lo estaba leyendo, pado en es mismo instante; mi jefe inmedoato, mi supervisor y y los manejadores de la empresa, como algunos miembros lideres y miembros regulares de la iglesia vestidos con ese vestuario, no deberián haser eso.

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