Juan el Bautista y los lobos

El 1er Destacamento Operacional de Fuerzas Especiales – Delta, más comúnmente conocido simplemente como la Fuerza Delta, es una de las unidades militares más impresionantes del mundo. Los soldados de la Fuerza Delta son aquellos que normalmente son elegidos para las misiones más peligrosas, sobre las cuales se basan muchas películas de acción como La caída del halcón negro (también conocida como Black Hawk derribado y Black Hawk Down).

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Para ser invitado a integrarse al grupo hay que primero destacarse en otro grupo selectivo del ejército estadounidense: como el Regimiento Ranger. De ahí, hay que pasar una serie de horribles pruebas físicas y psicológicas. Otro requisito es haber alcanzado el rango de sargento mayor de comando conjunto a una edad relativamente joven. Según Eric Haney, uno de los primeros miembros de la Fuerza Delta, este último requisito quiere decir que todos saben ser líderes y que todos saben aceptar órdenes de un líder, dependiendo de las circunstancias y de las necesidades de la misión.

 

Juan el Bautista sabía ser líder. Era un hombre sencillo—pobre—y lo que sabemos de su mensaje no es nada sofisticado (véase Lucas 3:2-14):

 

  • compartir de lo que tengas con los que no tienen;
  • ser honesto en tus tratos comerciales con los demás;
  • no ser racista ni clasista;
  • bautizarse, arrepentirte, mejorarte como persona ante los ojos de Dios.

 

Predicando la palabra de Dios que se le dio por revelación, osadamente, Juan llegó a ser un hombre de influencia entre los judíos. Lo seguían personas que aplicaban sus enseñanzas a sus vidas, o sea, Juan tenía sus propios discípulos. El hombre que llegaría a ser Andrés el apóstol era uno de los discípulos de Juan el Bautista—y probablemente Pedro y Felipe también. Además de ganar el respeto de los judíos, hasta los soldados romanos buscaban sus consejos.

 

Vemos algo parecido pasar en la Iglesia de hoy en día. Alguien se bautiza, vuelve de la misión o simplemente se arrima las mangas y se pone a trabajar con más dedicación en su llamamiento. Luego, se le llama a un puesto de liderazgo y todos se maravillan y se alegran al mismo tiempo:

 

¿Llamado al obispado?

 

¿La nueva presidenta de las Mujeres Jóvenes?

 

¿Con tan poca experiencia?

 

¿Con tan poca edad?

 

¡Muy bien pues! Le irá bien.

 

La persona desempeña muy bien su llamamiento visible; se parte la espalda trabajando; tiene un impacto positivo en la vida de las personas, tanto dentro como fuera de la Iglesia.

 

Llega el día del relevo y del llamamiento de la próxima persona. Muchas veces, la próxima persona con el llamamiento no se ve tan impresionante como la primera que trabajaba tan bien. Así fue cuando relevaron al obispo de mi infancia (un hermano alto, guapo y carismático) y llamaron al obispo de mi juventud (un hermano calvo, bajo de estatura y huraño). Muchas veces—sobre todo al principio—la persona nueva comete errores que la otra nunca cometería. De ahí comienzan los lobos beta con sus chismes:

 

Es que el hermano Fulano era mejor.

 

La hermana Mengana sabía más.

 

A veces, la persona relevada—ahora con un llamamiento menos visible—se porta como lobo alfa:

 

¿Por qué me despidieron si hacía bien mi llamamiento?

 

¿Por qué me reemplazaron con esa otra persona que no sabe hacia dónde va el autobús?

 

Juan el Bautista nos da un ejemplo fantástico de lo que deberíamos hacer cuando somos relevados y se llama a alguien nuevo. Después de ayunar en el desierto—y ser tentado por el Diablo—para comenzar con Su ministerio, Su misión de tres años, Jesucristo busca Juan el Bautista para que Lo bautice. Cuando Juan se encuentra con Él, Lo reconoce por quien es en frente de todos. Juan el Bautista no se portó como lobo alfa.

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Tampoco soportaba a los lobos beta. Cuando los discípulos de Juan el Bautista supieron que Jesús y los apóstoles habían comenzado a bautizar a la gente ellos se indignaron. Pensaban que alguien les quitaba el trabajo y desprestigiaba a su jefe. Cuando se lo contaron a su maestro, Juan les respondió, Es necesario que él crezca y yo mengüe (Juan 3:29).

 

Así fue con los obispos de mi barrio. En la reunión sacramental, el obispo de mi infancia expresó, desde ya, su amor y apoyo del obispo nuevo. Que yo sepa, el obispo de mi infancia jamás dijo nada en contra del obispo nuevo y tampoco permitía que nadie lo hiciera en su presencia. No hubo conflictos entre ellos, ni entre sus esposas ni entre sus hijos. Nadie en el barrio se inactivó por el cambio de liderazgo.

 

Ya que este instinto animal de portarse como lobo (ya sea alfa o beta) es tan fuerte en prácticamente todas las culturas, muchos de nosotros lo encontramos difícil evitar portarnos así en nuestras empresas, familias, amistades e incluso en la Iglesia. Muchas veces, ni siquiera nos damos cuenta de que nuestro comportamiento se compara con el de un animal salvaje. Puede que el despojarnos de orgullo y simplemente participar de una forma organizada, sin compararnos de un modo tan grosero, no se nos ocurra a menos que se nos enseñe otra forma de vivir y de tratar a las personas. Tal vez sea por eso que Juan tuvo que explicárselo a sus discípulos más de una vez. No les entraba en la cabeza:

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El que tiene a la novia es el novio; mas el amigo del novio, que está de pie y le oye, se goza grandemente de la voz del novio; así pues, éste, mi gozo, ha sido cumplido (Juan 3:29).

 

El punto de estar en una fiesta no es lograr que todos se fijen en uno. El punto es alegrarse y pasarlo bien con los demás fiesteros. A veces es el cumpleaños de uno, a veces de otro; a veces es la boda de uno, a veces de otro. El enfoque de la fiesta puede cambiar pero el propósito de una fiesta sigue siendo el mismo: celebrar en forma grupal. Juan el Bautista entendía este concepto.

 

Se negó a competir con Jesucristo pero no tenemos ninguna evidencia de que haya dejado su ministerio tampoco. Seguía ejerciendo mucha influencia entre los judíos y es probable que haya seguido predicando hasta su encarcelamiento. De otro modo ¿cómo se hubiera enterado el tetrarca Herodes cuando Juan lo denunció por casarse con la esposa de su hermano (lo cual es prohibido por la Ley de Moisés)? Si Juan no seguía siendo una persona importante en la comunidad judía ¿por qué mandó Herodes que se le encarcelara?

 

Me acuerdo de observar algo parecido después de que se le relevó a un presidente de rama. El presidente de rama relevado ya no tenía la misma autoridad administrativa pero seguía ejerciendo mucha influencia entre los miembros. Ya no dirigía las reuniones sacramentales pero era un maestro orientador excelente y un buenísimo maestro de la Escuela Dominical. Cuando se levantaba para dar su testimonio o hacía algún comentario en las clases del sacerdocio, todos los hermanos daban mucho peso a sus palabras.

 

El presidente relevado era un académico que llevaba décadas como miembro y había ocupado muchos puestos de liderazgo en la Iglesia. El presidente nuevo nunca terminó su educación secundaria y, a pesar de haber servido muy fielmente en otros llamamientos, solo llevaba unos años como miembro de la Iglesia. No debe ser motivo de sorpresa saber que los dos tenían estilos diferentes.

 

Es posible que la rama contara con algunos lobos alfa que se preguntaron por qué ellos—o sus familiares, o sus amigos—no fueron llamados como presidente de rama. No faltaron lobos beta que criticaron algunas de las decisiones del presidente nuevo—a sus espaldas, claro. Ninguno de estos criticones era el presidente de rama relevado ni familiar de él. El presidente relevado siempre ejercía la influencia que tenía para apoyar al presidente nuevo, algo que seguramente contribuyó al éxito que el presidente nuevo tuvo durante sus años de servicio.

Algunos han preguntado ¿cómo se puede dejar de ser lobo? ¿Cómo se puede dejar de tratar a los líderes de esta manera tan salvaje? Debo confesar que yo también he luchado contra este instinto animal y he tenido que aprender a suprimirlo, más de una vez.

 

En la sección 13 de Doctrina y Convenios, vemos que Juan el Bautista nos deja la clave para resolver este problema: Sobre vosotros mis consiervos, en el nombre del Mesías… Son pocas palabras pero contienen unas enseñanzas muy poderosas.

 

Primero, Juan les dice consiervos a José Smith y a Oliverio Cowdrey. Esta palabra indica que Juan no los veía ni como superiores ni como inferiores a él. La organización de la Iglesia—la cual incluye una jerarquía—existe para llevar a cabo la obra de Dios ordenadamente, nada más. No existe para que nos clasifiquemos como mejores ni inferiores. Juan el Bautista nos mostró, más de una vez, que estas comparaciones solo forman parte de la Iglesia si nosotros—los miembros—las agregamos. Es como quien compra una hermosa ensalada saludable, la lleva a casa, y le agrega un sabroso aderezo insalubre y pedazos de tocino (panceta/tocineta/beicon). Esas cosas solamente están allí porque uno las pone, no porque tienen que estar allí.

 

Segundo, y más importante, Juan no hacía lo que hacía solo porque sí. Lo hacía por mandato de Dios y en el nombre del Mesías. Juan el Bautista lo tenía bien claro que lo que más importaba era la obra, no que todos se fijaran en él. Cuando estamos enfocados en participar con nuestro Padre Celestial en Su gran misión, nos damos cuenta de que el papel que hacemos no es tan importante como la clase de servicio que prestamos. No tenemos ninguna indicación de que, en el juicio final, el Señor nos vaya a preguntar, Mira, leyendo bien tu historial aquí, veo que nunca se te llamó como setenta de área. ¿Qué pasó allí? No creo que le diga a ninguna hermana, No serviste ni siquiera una vez como presidenta general de la Primaria en Lago Salado. ¿Por qué?

Lo encuentro mucho más probable que me diga, Ryan, se te llamó como instructor del quórum de élderes. ¿Cómo te fue? Entre el 2010 y el 2012 se te asignaron cuatro familias para que las visitaras. Ellos tenían muchos problemas. ¿Qué hiciste para tener un impacto positivo en sus vidas, para representarme a Mí, para hacerles saber que no estaban solos?

 

No necesitamos lobos alfa—miembros que, como dijo el Pdte. Uchtdorf, buscan una corona para creerse mejores. No necesitamos lobos beta tampoco—miembros que, como dijo el Pdte. Uchtdorf en el mismo discurso, buscan una cueva donde esconderse de sus compromisos y responsabilidades. Necesitamos ser como los miembros de la Fuerza Delta: necesitamos saber ser líderes y aceptar órdenes de líderes, dependiendo de las necesidades de la misión.

 

Necesitamos ser miembros que sirvan con el mismo nivel de dedicación ya sea como maestra de primaria, misionera de rama o presidenta de la sociedad de socorro de la Iglesia. La misión de la Iglesia y nuestros convenios no cambian cuando nos cambiamos de llamamiento. ¿Por qué se debería cambiar nuestro nivel de dedicación?

 

Antes de encerrar esta serie de artículos sobre el hombre natural (los lobos) siento el deseo de confesar que me ha hecho muy bien escribirlos. Me ha recordado a cosas que sabía, pero que no estaba haciendo tan bien como tenía que hacerlas. Me he dado cuenta de que he tenido que arrepentirme y ser mejor. Espero que estos artículos también les hayan servido para entender mejor la organización de la Iglesia, o tal vez para recordar cómo la Iglesia debe ser, cómo el Señor quiere que sea, y cómo nosotros podemos hacer que sea, pues solo será así si nosotros decidimos hacerla así.

Ryan Boothe

Ryan Boothe

Ryan Boothe escribe artículos para Radio Kolob sobre una variedad de temas relacionados con el Evangelio Restaurado, desde las raíces de ciertas palabras del hebreo antiguo hasta las relaciones humanas que existen entre los santos de los últimos días.

El Hno. Boothe se mantiene bastante ocupado trabajando como consultor, conferencista y emprendedor--trabajo que lo lleva a varios lados de su país, Europa y América Latina.

Nacido bajo el convenio y criado en el Valle Central de California, el Hno. Boothe tuvo la gran bendición de hacer la misión en el sur de Chile, donde aprendió a hablar el castellano huaso. El Hno. Boothe actualmente vive con su familia en el Valle de Utah.
Ryan Boothe

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