Seis elementos de la expiación de Jesucristo – parte II

En mi último artículo, leímos sobre cuatro palabras, cuatro traducciones que expresan la cosa más importante que hizo nuestro Salvador para todos nosotros:

  1. Sühnopfer: traducción alemana que destaca el hecho de que Jesucristo se ofreció a sí mismo como sacrificio por el pecado.
  2. Atonement: traducción inglesa que destaca uno de los fines principales de este sacrificio: unirnos con Él y con nuestro Padre Celestial.
  3. Reconciliación: traducción moderna–usada en muchos idiomas–que se refiere a la idea de poder volver a sentarnos con nuestro Padre Celestial.
  4. καταλλαγὴν: traducción del griego antiguo que se refiere a nuestra esclavitud al pecado, y a Jesucristo como alguien que se ofreció a sí mismo en cambio por nuestra libertad.

Expiación

Ya que hemos visto que ninguna de estas palabras realmente abarca todo lo que Jesucristo hizo por nosotros, es posible que ustedes se estén preguntando ¿qué es lo que la palabra expiación realmente significa? Ex– quiere decir de o más allá, piō quiere decir vengar o aplacar y, de nuevo, -ción hace que la palabra sea un sustantivo, o una cosa. En otras palabras, la acción de aplacar. Pero ¿aplacar qué cosa? Una vez más, las escrituras nos dan la respuesta:

Ahora bien, no se podría realizar el plan de la misericordia salvo que se efectuase una expiación; por tanto, Dios mismo expía los pecados del mundo, para realizar el plan de la misericordia, para apaciguar las demandas de la justicia, para que Dios sea un Dios perfecto, justo y misericordioso también. (Alma 42:15-énfasis agregado por mí)

Me gustaría llamar la atención a la parte que dice que Jesucristo apaciguó, o aplacó, las demandas de la justicia. Vivimos en un mundo corrupto donde se nos ofrecen muchas oportunidades de elegir lo malo. El Padre Celestial es perfectamente justo y cuando se comete un error, se tiene que pagar un precio. La justicia no puede aplacarse hasta que se pague el precio completo, algo que nosotros no podemos hacer por lo imperfectos que somos. De este modo, la palabra expiación es también una traducción buena porque nos enseña que Jesucristo satisface las demandas de la justicia.

כָּפַר

Muchas veces una palabra es utilizada en muchos idiomas, pero con una pronunciación distinta. La palabra expiación es una de estas palabras. En italiano se dice expiazione, en portugués: expiação, en francés: expiation, en rumano: ispăşire, en catalán: expiació. La palabra para expiación en hebreo, arameo y árabe también es casi igual en los tres idiomas: kafar. Esta palabra significa pasar la mano para borrar, cubrir o perdonar.

Es de esta palabra que se forma otra: kafata. La tradición de la kafata viene de los tiempos antiguos cuando las personas huían al desierto buscando la protección del jefe de alguna tribu beduina. La persona venía a la tienda del jefe y le gritaba, Ana dakhiluka, lo cual significa ¡Soy tu suplicante! y el jefe ponía el borde de su manto sobre el hombro del fugitivo para mostrarle que iba a estar bajo su protección. No creo que sea coincidencia que el primer Nefi del Libro de Mormón, que seguramente conocía las costumbres de los árabes, haya dicho lo siguiente para pedir misericordia a Dios: ¡Oh Señor, envuélveme con el manto de tu justicia! (2 Nefi 4:33).

adam_eveLa necesidad de tener un salvador comienza en el Jardín de Edén, donde se cometió el primer pecado. De pronto, Adán y Eva obtuvieron conocimiento y ya no se veían con ojos de niños. Para cubrirse, tomaron hojas de higuera. Aprendemos en el libro de Moisés que, antes de expulsarlos del Jardín de Edén, el Señor hizo túnicas de pieles como ropa para Adán y Eva (Moisés 4:27). Las hojas de esa primera higuera podían crecer de nuevo pero las pieles no se obtuvieron de ninguna planta. Para cubrir a Adán y Eva, se tuvo que sacrificar un animal. Jesucristo, tal como ese primer animal, no tenía ninguna culpa pero alguien tenía que sacrificarse para salvar a la humanidad. Tal como se tuvo que sacrificar un animal para cubrir los cuerpos de Adán y Eva, fue necesario que Jesucristo se sacrificara para cubrir nuestras faltas.

 

Nombres y títulos

La caída de Adán y Eva fue precipitada por el Diablo. Es posible que no sepamos el verdadero nombre del enemigo de toda rectitud. El nombre Lucifer significa portador de luz y podría simplemente ser otra manera de expresar el título que el profeta Isaías usó para referirse a él: hijo de la mañana (Isaías 14:12). Después de ser expulsado de la presencia de Dios, se le decía Ha-Shatán, o Satanás, lo que, en hebreo, quiere decir el acusador.

No sé exactamente cómo va a ser el juicio final pero me imagino que incluirá una parte que sea más o menos a así: estoy yo con el Padre Celestial, mi juez. Enfrente de nosotros aparece aluna clase de pantalla grande, donde se pasa la película de mi vida entera. Cada vez que cometo un error, ya sea de comisión u omisión, pensado o realizado por obras propias, viene Satanás, el acusador, para llamar la atención. Es una película larga. El profeta Alma el Hijo nos explica más o menos cómo vamos a sentirnos después de ver esta película:

Porque nuestras palabras nos condenarán, sí, todas nuestras obras nos condenarán; no nos hallaremos sin mancha, y nuestros pensamientos también nos condenarán. Y en esta terrible condición no nos atreveremos a mirar a nuestro Dios, sino que nos daríamos por felices si pudiéramos mandar a las piedras y montañas que cayesen sobre nosotros, para que nos escondiesen de su presencia. (Alma 12:14)

Satanás no es el único que ha recibido muchos títulos. Jesucristo también tiene varios como el Salvador de la Humanidad, el Gran Redentor, el Creador, el Hijo Unigénito del Padre en la Carne, el Hijo Amado de Dios, y también nuestro Abogado ante el Padre. Al final de la película, cuando más me siento desdichado y avergonzado, viene Jesucristo y dice, Padre, está bien, ya pagué el precio de todos estos pecados. Se ha hecho justicia. Ante esta defensa el acusador no puede decir absolutamente nada y se retira. Pero la historia no se termina ahí.

La pieza que falta

¿Estuvieron presentes ustedes, alguna vez, cuando se juntaron algunos académicos para hablar sobre un asunto bien complicado? Para ellos, el tema no es tan complicado, pero para uno, es como si estuvieran hablando en chino. No se puede decir nada para agregar nada a la conversación sin revelar la ignorancia propia. Ellos se divierten mucho hablando de sus temas mientras uno se aburre.

¿Les ha pasado algo parecido en los deportes? ¿Les ha tocado jugar el fútbol, voleibol, basketball, o algún otro deporte con jugadores mucho, mucho mejores que ustedes? El partido no es divertido, ni para uno ni para los jugadores buenos. Los partidos entretenidos son los que tienen equipos más o menos parejos.

Jesucristo pagó el precio de todos nuestros pecados para que pudiéramos vivir con Él y con nuestro Padre Celestial nuevamente pero ¿qué pasa matamos o fornicamos cuando se nos da la gana? Bueno, no nos sentiríamos cómodos en la presencia de Dios. ¿Qué pasa si tenemos el hábito de robar y mentir? No siempre, obvio, pero…cuando nos conviene…tal vez sí. ¿Y si nos gusta chismear? No siempre…pues solo cuando faltan temas para hablar con los amigos o cuando hay alguna noticia bastante buena para compartir. ¿Cómo sería vivir en el Reino Celestial con esos hábitos?

El profeta Moroni nos explica cómo nos sentiríamos:

He aquí, os digo que seríais más desdichados, morando en la presencia de un Dios santo y justo, con la conciencia de vuestra impureza ante él, que si vivierais con las almas condenadas en el infierno (Mormón 9:4).

Así que ¿Jesucristo pagó el precio de la entrada pero igual no podemos entrar? ¿Nos obligaría a entrar si eso significara la equivalencia de pasar la eternidad con académicos hablando acerca de temas que no entendemos o jugar al fútbol con atletas muchas veces más adiestrados que nosotros? Está faltando algo aquí, algo que trataré en mi próximo artículo.

Ryan Boothe

Ryan Boothe

Ryan Boothe escribe artículos para Radio Kolob sobre una variedad de temas relacionados con el Evangelio Restaurado, desde las raíces de ciertas palabras del hebreo antiguo hasta las relaciones humanas que existen entre los santos de los últimos días.

El Hno. Boothe se mantiene bastante ocupado trabajando como consultor, conferencista y emprendedor--trabajo que lo lleva a varios lados de su país, Europa y América Latina.

Nacido bajo el convenio y criado en el Valle Central de California, el Hno. Boothe tuvo la gran bendición de hacer la misión en el sur de Chile, donde aprendió a hablar el castellano huaso. El Hno. Boothe actualmente vive con su familia en el Valle de Utah.
Ryan Boothe

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