La libertad religiosa para los Santos de los Últimos Días

Por Mariana Villafuerte y Javier Contreras Arreaga.

 

“Si se ha demostrado que he estado dispuesto a morir por un ‘mormón’, declaro sin temor ante los cielos que estoy igualmente dispuesto a morir en defensa de los derechos de un presbiteriano, un bautista o cualquier hombre bueno de la denominación que fuere; porque el mismo principio que hollaría los derechos de los Santos de los Últimos Días atropellaría los derechos de los católicos romanos o de cualquier otra denominación que no fuera popular y careciera de la fuerza para defenderse.”

José Smith Jr.

Dignidad y derechos humanos.

Tal como el Profeta lo enseñó, todas las personas cuentan con ciertas libertades que se deben defender a toda costa, hoy en día las conocemos como derechos humanos. Estos establecen las condiciones mínimas que las personas requieren para vivir con dignidad y  deben ser garantizados sin importar nacionalidad, lugar de residencia, género, color, o religión.

Esa dignidad sólo se pueda lograr en un ambiente de paz y armonía. Cuando la integridad de una persona es violentada, todo su entorno se ve afectado. Queda así demostrado que los derechos humanos no pueden ser considerados un asunto  meramente individual, sino un valioso bien común.  A eso se refiere José Smith al mencionar que el mismo principio que holla los derechos de uno, lastima de igual manera a todos los demás.

Origen moderno

Históricamente la libertad religiosa ha sido uno de los anhelos más caros de comunidades, pueblos y tribus. Dos de los factores que propiciaron los períodos de apostasía en la antigüedad fueron la persecución y la intolerancia.  Sobre esta gran injusticia se gestaron las luchas de independencia de las naciones democráticas, siendo un ejemplo claro la Declaración de Independencia de los  Estados Unidos, de la cual la libertad religiosa es un pilar y que tuvo considerable influencia sobre el resto de movimientos independentistas de su época.

La libertad religiosa se hizo presente en la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, señalando entre otras cosas que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión…así como a la libertad de manifestar su religión o creencia…tanto en público como en privado”.

Así mismo, dentro de nuestra propia constitución en el artículo 24 se reconoce a toda persona la “libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión y a tener o adoptar la de su agrado”, garantizando también que “nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines… de propaganda política.” Además, en nuestro país el Congreso no está facultado para dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna.

La libertad religiosa implica más que la libertad de creencia, pues mantiene una estrecha relación con otros derechos humanos. En el ejercicio de la fe, el poder compartir  las propias convicciones  está ligado a la libertad de expresión. Tener acceso a los textos sagrados y mensajes concernientes a la doctrina forman parte del derecho a la cultura y educación. Contar con centros de reuniones y asistir a ellos regularmente implica hacer uso de nuestro derecho al libre tránsito y a la libre asociación.

Para los Santos de los Últimos Días la influencia de la fe se presenta de manera constante en el diario vivir. Es visible en el trato al prójimo. Influye en la manera en que vestimos, comemos y hasta la forma en  que nos expresamos. El evangelio se convierte en una forma de vida, y la  ley la protege de modo que nadie pueda prohibir su pleno ejercicio. Exigiendo así mismo que se conceda el mismo respeto a las convicciones y formas de vida del resto de conciudadanos.

La libertad religiosa y el albedrío.

La importancia que la ley otorga a la libertad religiosa no es la única razón para comprenderla. Existen importantes consideraciones doctrinales sobre el tema. En las escrituras encontramos  ejemplos de grandes defensores de la libertad religiosa que entendían su importancia siendo el más claro el del Capitán Moroni, quien levantó en alto su estandarte de la libertad “En memoria de nuestro Dios, nuestra religión y libertad, y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos” dejando como enseñanza que la defensa de la libertad religiosa es idealmente una lucha que tiene como finalidad garantizar la estabilidad y paz para las familias..

 

Dentro del Evangelio de Jesucristo, la libertad religiosa ha sido un principio fundamental ligado al albedrío, el cual se ha hecho presente desde el Gran Concilio. En la vida premortal el Señor dotó a cada uno de sus hijos con libertad para creer o no en el Salvador, además de voluntad para aceptar o rechazar sus mandamientos. De esta manera, la proliferación de ideas distintas a las del Padre –incluyendo aquellas de Lucifer-, no fue censurada, sino que  cada uno de Sus hijos pudo escuchar y decidir a quién seguir.

El testimonio de los profetas antiguos y modernos nos deja claro que para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la defensa de la libertad religiosa no abraza como principal propósito alcanzar un ideal social, sino uno doctrinal. Las escrituras enfatizan que el método del Señor es siempre por “por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero;…sin hipocresía y sin malicia”.

Ese respeto implacable que tiene el Creador por la libertad de pensamiento y acción de cada persona debe ser emulado por quienes se consideran parte del discipulado.

En los artículos de nuestra fe.

Los artículos de fe brindan una explicación sencilla pero profunda del modelo  de vida que debe llevar un miembro fiel de la iglesia para vivir en armonía con Dios. El duodécimo expresa firmemente estas convicciones: “Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen.”

Es de especial interés que éste es el único de los trece artículos en el que se usa un verbo distinto a creemos. Reclamar es en sí realizar una petición enérgica, y para nosotros un requisito que nos permite vivir abiertamente lo que los otros doce describen. Conceder, por otra parte implica permitir al prójimo llevar cabo lo que su religión le requiera de la misma manera.

Un estandarte personal

El ejercicio de los derechos humanos concede la posibilidad de llevar un determinado estilo de vida. Sin embargo, para el creyente implica todavía más, pues le permite encontrar en la libertad religiosa el derecho a construir dignamente su relación con Dios, situándolo así como “el más fundamental de los derechos, porque la dignidad de cada una de las personas tiene su fuente primera en la relación esencial con Dios….”. La libertad religiosa brinda no solamente el derecho a creer en algo y buscarlo sino a comulgar con Él y existir de manera congruente.

La invitación está abierta para todo el que desee convertirse en defensor de la libertad religiosa, al considerar las siguientes pautas:

  1. EJERCERLA

Basta demostrar sin temor las creencias y convicciones personales, permitiendo a los demás reconocer la diversidad de su entorno e invitándolos a ejercer respeto y tolerancia.

  1.   RESPETARLA

Evitando actos de discriminación hacia cualquier persona cuyas creencias, hábitos o costumbres sean distintas a las propias. Invitando al diálogo cuando se presenten dudas sinceras y procurando siempre un trato que garantice armonía y paz.

Damos nuestro testimonio de que al procurar defender la libertad religiosa entenderemos mejor el mensaje de amor que Jesucristo enseñó y los dones del espíritu se derramarán abundantemente sobre nosotros, por tomar la decisión de velar no sólo por la libertad de todos sus hijos, aún los que piensan de forma diferente a nosotros. En el nombre de Jesucristo, amén.

Two Jewish men walk beside a small group of Muslim children in the Old City of Jerusalem

Puedes conocer más sobre el tema de la libertad religiosa en el sitio: http://www.mormonnewsroom.org/official-statement/religious-freedom

 

Javier Contreras

Javier Contreras

Soy un joven abogado mexicano, casado, miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días desde los nueve años. Serví como misionero de tiempo completo en la misión México Monterrey Este y por cuatro años tuve la oportunidad de ser maestro del seminario de religión en Guadalajara, México, dónde actualmente resido.
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